Luis Eloy Cabrera (Béisbol de América).

Foto: Cortesía

 

La serie internacional Puerto Rico Vs Nicaragua, además de emocionante, jugada a casa llena en el estadio Dennis Martínez, con un Ofilio Castro como el más destacado al promediar 417, 4 anotadas e igual número de empujadas. Serie que finalmente se llevó el anfitrión 2 ganados por un revés, y que es parte de la preparación para ambos combinados que participarán en los Juegos Panamericanos Lima 2019, fue el escenario perfecto para rendir tributo a un hombre que brillo más como ser humano que como súper estrella de las grandes ligas: Roberto Clemente Walker.

 

Las generaciones más jóvenes se preguntaran ¿cómo es eso posible?

 

Bien la noche del 31 de diciembre de 1972, un hombre abandonó todo, incluso su familia, para ir en socorro de otros que habían sido víctimas de una tragedia.
Se trataba de Roberto Clemente Walker, sin duda el más grande jugador hispano de todos los tiempos, quien había fletado para aquella noche un viejo avión DC-7, para llevar comida, ropa y medicinas a Nicaragua, que días antes -el 23 de diciembre- había sido devastada por un feroz terremoto, dejando a miles de personas sin hogar ni abrigo. Según cuentan, Clemente se enteró de que la ayuda no estaba llegando a las víctimas de la catástrofe por lo que decidió llevarla y distribuirla el mismo.
Según un testimonio de su esposa, Vera Zavala, ella le previno de no viajar al decirle: “No vayas Roberto” pero el recio jugador, le respondió: “Si vas a morir, morirás”. Así era Clemente. Atrás dejaba a su esposa y sus tres hijos para socorrer a desconocidos….

Sólo un ser humano de virtudes excepcionales podía pensar en el prójimo en un día tan especial como ese,  y Clemente asumió sin parafernalia ni show televisivo, la solidaria tarea. A solo unos minutos de alzado el vuelo el avión colapsó, cayendo en aguas del Caribe, quien reclamó para sus profundidades el cuerpo de aquel maravilloso ser humano. Nunca se encontró su cuerpo, tampoco el de su amigo, Rafael Lozano. Solo se encontraron los restos del tercer hombre abordo, el piloto.

 

Durante su trayectoria como jugador enfrentó la discriminación doblemente, por ser latino y negro; le tocó comer en autobuses, no poder dormir en hoteles de blancos, a ser víctima de burlas por su mala pronunciación del idioma inglés, pero un hombre de esa madera no se rendía fácil, y con valor enfrentó todas la adversidades hasta llegar a ser una superestrella.

 

Y vaya que si fue una superestrella: 12 Guantes de Oro, 15 Juegos de Estrellas, 4 títulos de bateo, 317 de promedio de por vida, MVP de la Nacional en 1966, MVP de la Serie Mundial de 1971, 4 zafras de 200 o más hits y sus 166 triples son el tope para latinos.

Pero Clemente soñaba más allá de los campos de Las Mayores, y La Ciudad de los Niños era su gran sueño y pese a nunca verla concluida es uno de sus tantos legados fuera del campo pero sin duda fue aquella noche, la de su fatal accidente la que lo inmortalizó, no como pelotero, sino como ser humano.

 

¿Qué hubiera conseguido Roberto Clemente con una cuenta bancaria como la de algunos de los peloteros de hoy? Nadie lo sabe, pero él nació en su tiempo, con el dinero de su tiempo para perdurar por siempre y, aunque desde el 2002, se instituyó en las Mayores el 18 de septiembre, como el “Día de Roberto Clemente”, es el 31 de diciembre- de aquella aciaga noche- el día verdadero de Roberto Clemente Walker.

Sin duda, este tributo se completó con la develación de la estatua del gran Clemente en lobby del estadio Dennis Martínez. Un gran acierto por parte de la Federación nicaragüense de beisbol, el haber efectuado una serie de este nivel para rendir el mejor tributo a quien ha sido el máximo ejemplo de solidaridad humana que las Grandes Ligas han conocido.